Cincuenta años no son nada
Por: Mario Morales
Recordado gonzaloarango:
Están muy feas las tarjetas y creo, como tú, que no hay razones para felicitaciones. No sólo porque no se entiende cómo el nadaísmo, tu criatura, a la que le diste cristiana sepultura en 1971, está cumpliendo por estos días sus bodas de oro, (paradoja de la inopia, proverbial en algunos de tus discípulos). Publica El Espectador
También porque al cabo de este medio siglo todo parece haber sido en vano. No te perdiste de nada. Desde que te marchaste, las contradicciones que originaron tu insurrección en el orden moral e intelectual, siguen intactas.
Entonces como ahora, nos debatíamos entre el provincialismo, las guerras y las amenazas a la libertad y a la dignidad del ser humano.
Ahora como entonces la violencia sigue siendo el movimiento nacional con más miembros inamovibles. Ya tiene, según el historiador Jorge Orlando Melo, más de 700.000 afiliados. Y sigue sumando.
Entonces como ahora reinaba la resignación, la pacatería, la doble moral y “la mentira estaba convertida en orden” (solías decir).
Ahora como entonces sopla el espíritu parroquiano que se debate como un péndulo entre el improperio y el rosario, el fusil y la camándula, entre la culpa y los falsos arrepentimientos. La misma filosofía de muerte y pesimismo que revelaste en tu primer manifiesto. La misma estrategia del silencio es oro que denunciaste entre los intelectuales de tu época que siguen siendo, en muchos casos, de la nuestra.
Entonces como ahora reinaba la intolerancia que condenó a tu movimiento, por crítico, por iconoclasta, por contracultural, al escarnio de cadáver insepulto que ya había sufrido Polinices en los mitos de la antigua Grecia.
Ahora como entonces te dicen y les dicen a los tuyos, que no son nada, que no hicieron nada, sin darse cuenta de que con ello los reinventan, los justifican.
Pero no te preocupes. Como pediste, no entrarás al panteón de los patriotas de la causa, ni a los libros de texto que han construido buena parte de nuestra historia con ídolos de papel. Con el nadaísmo no hubo tal movimiento sísmico, ni tal ruptura. No hubo cambios cataclísmicos ni comenzó una nueva era.
Queda a tu favor la herencia mágica de los malabares con las palabras, tu coherencia, el corrosivo humor negro, el ejemplo del paso al humanismo y el salto al misticismo, pero sobre todo la certeza, como lo profetizaste, de que no llegar es también el cumplimiento de un destino.
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